Lo que Sucede, Conviene.

Un día hablando con un amigo me cuenta de un viaje que hizo a Cuba y que inicialmente parecía que se le presentaba algo catastrófico por una serie de inconvenientes que le fueron surgiendo los primeros días. Al parecer uno de los problemas que tuvo nada más llegar a la isla caribeña fué que, al llegar al hotel que supuestamente tenía reservado, resultó que por algún fallo de la agencia o del hotel ¡¡No había tal reserva!!, el hotel estaba al completo, la agencia no contestaba al telefono.  Ante tal situación, tanto él como su esposa empezaron a ponerse nerviosos y casi a montar en cólera. Me cuenta mi amigo que había un anciano sentado en uno de los sillones del hall del hotel cerca de la recepción, observando atentamente lo que sucedía. Aquel anciano se levanta de su sitio, se dirige muy lentamente a donde estaba mi amigo y le dice con voz muy calmada: “Tranquilo mi hermano, que LO QUE SUCEDE, CONVIENE”.   A mi amigo la agencia le resolvió el problema alojándolo en un hotel de categoría superior y le compensaron o indemizaron con un detalle económico.

“Lo que sucede, conviene”, “No hay mal que por bien no venga”, “No hay daño que no tenga apaño”…..Son muchos los refraneros que nos hacen ver que a veces suceden cosas en nuestra vida que nos parece que es el preludio de una futura vida catastrófica, llena de dolor, desespero, mucho más dura y triste, el comienzo de un camino lleno de piedras y zarzamoras, y sin embargo esas situaciones son un trampolín para saltar a una nueva vida. Una nueva vida que muchas veces nos llega con ingredientes mucho más enriquecedores y positivos de los que teníamos en nuestra anterior situación.

Sin darnos cuenta, poco a poco vamos saliendo del pozo en el que hemos caído y se nos empiezan a abrir puertas en nuestras vidas, con nuevas relaciones personales, oportunidades laborales, actividades de ocio o entretenimiento que nunca antes se nos había ocurrido realizar. Poco a poco vamos descubriendo todo un abanico de posibilidades enriquecedoras que nos aportan positividad y que siempre han estado ahí afuera, pero que tenía que pasar lo que nos pasó y superar ese “luto” que supone una ruptura, para darnos cuenta de lo que nos estabamos perdiendo.

No hay que desesperar. El tiempo pone cada cosa en su sitio. Cura las heridas. Y cuando empecemos a sanar nos levantaremos cada mañana con la ilusión de una vida nueva que nos llega.

Lo dicho: “Lo Que Sucede, Conviene”.

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Publicado el 28 de agosto de 2012 en Reflexiones. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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